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Vaticinios de una memoria...

Ven y únete a esta gran cruzada... !

Quisiera estar en tus zapatillas

Había pasado mucho tiempo de transitar el mismo camino, 
entonces aquella división pronunciada que invitaba a ir en 3 direcciones 
de una u otra manera seducían a tu decisión.
 
La mañana estaba totalmente despejada, 
así que ese sol resplandeciente daba la misma luz a las 3 direcciones, 
si te hubieras dejado guiar por el camino que mejor aspecto tenía 
hubiera sido una perdida de tiempo. 
El inicio de cada ruta en cuestión eran muy similares. 
Dejando descansar un poco al corazón luego de haber subido una cuesta muy pronunciada, 
dejaste pasar unos segundos y bajaste de la montura de aquella bicicleta 
con la que paseabas para pararte frente a dicha división.
 
Al rozar de forma brusca tu tobillo con el pedal dejaste una marca en tu piel 
que fue un motivo más para detenerte. 
El llevar zapatillas gruesas fue algo bueno después de todo 
para evitar lastimarte demasiado, 
al menos eso pensabas de momento. 
Un poco adolorido del tobillo por el golpe, la raspadura 
y siendo apenas el segundo fin de semana que habías salido a pasear en bicicleta, 
pero teniendo claro que no querías transitar una ruta que se vuelva rutina, 
decidiste tomar otro camino. 
El de la derecha ya era conocido, bastaron 2 días 
y tus recuerdos de niño para conocer que este destino seguía estando tranquilo 
y por ser muy transitado, incluso lo habían asfaltado.
 
El camino de la mitad fue conocido por un amigo de tu infancia. 
Después de algunos años, volver a tu ciudad natal había producido un encuentro inesperado 
con las personas que compartiste en la niñez. 
Esta ruta te generaba intriga, porque tu amigo manifestó que al transitarla, 
su vida tomó un nuevo rumbo y de alguna manera le ayudó a salir de casa 
a cumplir sus sueños.
 
El realizar todo aquello que se necesitara para cumplir tus metas 
siempre fue una prioridad y no provocar daño a nadie era tu lema de vida. 
El salir de una ciudad a otro lugar tenía muchos motivos para hacerlo, 
y es que bastaba saber de algunos ejemplos de superación 
para conocer que las personas habían partido de su sitio de origen 
por estudios para tener una profesión, visitar un familiar, 
curarse de una enfermedad, buscar un trabajo o emprender un negocio. 
Estas eran las razones más evidentes.
 
Aquel amigo parecía que había salido por todos estos motivos 
porque empezó a viajar desde pequeño, 
al inicio fueron 2 horas al día para estudiar la primaria, 
en su adolescencia salió del país para operarse de un problema en el corazón 
y volvió luego de unos 3 meses. 
Su juventud tuvo al rededor de 4 horas diarias de viaje por 5 años 
hasta lograr su profesión. 
Enfocado en lo que quería conseguir, 
el poder viajar a visitar a su abuelo que estaba muy enfermo 
le permitió conocer a un sujeto que más adelante sería su jefe 
y finalmente uno de los socios del negocio que pudo establecer.
 
Al recordar este escenario de forma resumida, 
hizo que sujetaras con más fuerza las manillas de la bicicleta, 
llenaras tus pulmones de tanto aire como pudieras 
y al exhalar apretaras muy fuerte tu estómago tratando de descifrar el enigma 
que había sido la vida de aquel amigo. 
De adolescentes, el día que planificaron para ir por el camino de la mitad, 
te visitó una terrible fiebre y te tumbo por completo. 
Y para completar esa inesperada situación, 
un aguacero cubrió totalmente la ciudad toda la mañana, 
esto la hacía más peligrosa a la ruta que querían recorrer.
 
Faltaban dos días para que aquel amigo viajara a esa operación antes mencionada, 
sin embargo él fue alguien lleno de vida 
y vivir al máximo era su límite. 
A él le hubiera encantado pasear aquella ruta contigo, 
pero conociendo tu situación decidió ir a visitarte 
y decirte que recorrería ese camino hasta el final, 
cueste lo que cueste por el tiempo que sea, 
sin embargo sabía que contaba con 5 horas máximo.
Todo aparentaba ser una locura, 
y aquella tarde de marzo en la que tu amigo 
se aventuró a ir por el camino del medio, 
parecía que quien sufría del corazón eras tú, 
al imaginarte que podía suceder lo peor. 
 
La mayor parte de personas no recomendaban esta ruta, 
porque decían que había obstáculos demasiado difíciles de superar. 
Sin embargo, al caer la noche de aquel día, 
tu compa volvió lleno de lodo hasta más no poder, descalzo, 
con unas cuantas raspaduras y casi a rastras con su bicicleta.
 
Los detalles de su regreso no fueron claros 
y lo anterior lo sabías por una llamada corta que recibiste de él, 
pues había pasado un día de este acontecimiento y viajo para su operación. 
«En algún momento vamos a morir y no sabemos como, ni cuando», 
al menos si tengo algo de cuidado 
lograré efectuar todo lo que he escrito en mi lista de cosas por cumplir, 
eso siempre decía tu amigo.
 
Movido por la curiosidad y ya teniendo la edad suficiente 
para auto motivarte a superar cada obstáculo que pudiera presentarse en el camino, 
volviste a subirte en la bicicleta. 
De pronto algo raro se empezó a sentirse en tu pie, ¿Qué podía ser?, 
fue lo primero que vino a tu mente. 
¡Demonios!, lo que parecía ser un raspón había sido una herida que sangraba, 
y eso hizo que tu media se mojara con la sangre de tu tobillo. 
Estando incómodo por lo sucedido, pasó por tu mente que esto podía limitarte, 
pero era claro que no te detendrías por nada.
 
Era la hora de la verdad, entonces empezaste a pedalear. 
El primer tramo había estado tranquilo, el camino con algunas piedrecitas, 
pero nada que te invitara a querer regresar. 
Sin embargo no fue oportuna aquella confianza que llego de pronto hasta ti 
para impulsarte a tomar mayor velocidad, 
pues a 5 metros de tu hazaña se empezaba a pronunciar una sinuosa inclinación. 
En poco tiempo llegaste a una zona complicada que no tuvo más opción en ti 
que llenarte de impulso para generar una maniobra inesperada.
 
Cualquier joven que hubiera podido apreciar aquel salto, 
pudo haber creído que practicabas downhill. ¡Santo cielo!, 
este es mi fin decía tú yo interior, 
entonces tu situación de peligro genero tanta adrenalina 
que fue tu único medio de supervivencia antes de caer a suelo firme.
 
Unas cuantas caídas, unos cuantos raspones y ya estabas cerca del final. 
Entonces como estabas físicamente podía hablar por si solo del estado 
en el que se hallaba aquel camino. 
Lo curioso al terminar el recorrido de esta ruta fue encontrarte con algo particular. 
En épocas del colegio no era nada novedoso contemplar un par de zapatillas colgadas 
en los alambres de electricidad, 
lo que no imaginaste era encontrar la misma situación en una rama de un eucalipto.
 
Algunos minutos atrás al ya no poder más de tantas caídas, 
decidiste caminar y escoltarte en la sombra de los árboles 
que marcaban el camino a recorrer. 
El tobillo sangraba y te dolía, 
sin embargo intuías que ya no te faltaba mucho para terminar la ruta, 
después de todo podías apreciar un poco del destino ya antes conocido, 
entonces eso te motivaba a seguir caminando. 
Luego del susto en el que quizás pudiste perder la vida, 
la molestia de la herida, el cansancio y el sol que parecía hacerse más intenso 
con cada paso que dabas, querían darte la razón para no haber ido por aquella dirección. 
Alguien alguna vez te dijo:
 
"Lo evidente no siempre es lo correcto, 
porque si lo evidente fuera lo correcto 
muchas cosas se evitarían".
 
Y es que sí, no pudiendo sortear una de tus malas caídas 
echaste a perder tu zapatilla derecha, pero que más daba ya no faltaba mucho 
y al molestarte estando sobre la herida de tu tobillo decidiste 
tirarla al barranco que pudiste hallar cerca de ti. 
Descalzo de un pie como recordabas que volvió tu amigo, sonreíste, 
que más podías realizar ese momento. 
En piloto automático continuabas tratando de no seguir lastimándote, 
aquel par de zapatillas en el eucalipto eran de tu mejor amigo. 
¿Cómo lo supiste?, había algo inesperado en su interior.
Después de todo, el ingenio de tu amigo salió a relucir aquella tarde, 
frente al dolor de tu planta derecha, te detuviste a bajar ese calzado. ¡Vaya sorpresa!, 
era de tu talla y revisando que no haya ningún insecto 
o algo parecido dentro de estas zapatillas, 
pudiste hallar una especie de bolsita, 
y en ella un mensaje.
 
Querido amigo:
 
Sabía que este día llegaría y sé que estarás sorprendido, 
que no daría por observar tu cara ahora mismo. 
Desde pequeño me enseñaste a ir por lo que quería, 
me dio mucha tristeza que te enfermaras y no hayas podido acompañarme, 
¿te caíste?, ¡qué tonto!, pero yo también lo hice. 
¡Si!, ríe así como te recuerdo. 
No pude ayudarte para que salieras conmigo a la aventura que planificamos 
porque pudo significar tu muerte, si estás leyendo esto, quizás y quien murió fui yo. 
Así que hoy si puedo echarte una mano, sé que calzaras esta talla 
y sé que por algún motivo habrás dañado tu calzado. 
Me paso igual, al final conseguí salir o al menos deseo que así haya sido, 
espero no dar tanta pena cuando regrese a casa.
 
Todo esto solo, es para decirte que está bien cada elección que tú hagas 
y las direcciones que tú decidas recorrer, 
porque todas ellas tienen la mejor enseñanza para ti. 
Si te llegas arrepentir de haber hecho algo, créeme, 
no pesara tanto como el «que hubiera sido si lo hubiera hecho».
 
Y así estarán diferentes formas como una bicicleta para aproximarte 
al lugar al que debas llegar, y en forma de un raspón del tobillo 
se presentaran algunas situaciones inesperadas 
que te dolerán al punto de sangrar en tu existencia, 
pero con el tiempo sabrás aceptar y caminar con ellas hasta que cicatricen 
y serán tus lecciones de vida. 
 
La división, llegarán a ser aquellos caminos repletos de consejos 
de quienes quieran que hagas lo mismo que ellos, 
sin embargo serás tan inteligente que podrás elegir tu ruta 
y no ser alguien más del montón. 
Todas las caídas que al final te bajan de la montura es tu lado reflexivo 
para decidir de mejor manera aquello que haces. 
Y siendo un par de zapatillas al terminar un camino, 
estarán siempre esperando por ti las recompensas de todo tu esfuerzo.
 
Las notas son ese aliento de tus padres y amigos que querrán lo mejor para ti, 
pero al final serás tú quien decida pedalear hasta culminar la ruta elegida, 
y no te aterres por haberte mencionado la muerte en lo que has leído, 
solo es una forma de simbolizar tus antiguos «yo».
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